El dato que importa no está en el titular del abstract, sino en la letra pequeña de los subgrupos: la restricción horaria mejoró la HbA1c en las personas con prediabetes y no lo consiguió en las que ya tenían diabetes tipo 2 establecida, donde solo movió la glucemia en ayunas. Y hay un segundo dato, aún más incómodo para el marketing circadiano: todo el efecto glucémico viajó acompañado de 1,6 kg de pérdida de peso. Es decir, el reloj funciona — pero funciona sobre todo donde la fisiología todavía responde, y probablemente funciona porque se come menos, no porque se coma a otra hora.
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