Menos fármaco, mejor medicina: lo que esta semana nos pide repensar
Cuando la evidencia dice “para” y la inercia dice “sigue”
🔬 La Semana en Ciencia · Semana 16 · 13 – 19 de abril de 2026 Una síntesis semanal del Doctor Ecléctico · medicinacoherente.com
Esta semana, tres revistas de primer nivel publican datos que convergen en un mismo mensaje incómodo: estamos usando fármacos que no necesitamos, combinaciones que hacen daño, y moléculas estrella cuyo beneficio real no resiste un escrutinio riguroso. Lo interesante no es cada hallazgo por separado, sino más bien el patrón. Desde la atención primaria hasta la neurología, la evidencia pide que revisemos recetas que damos en piloto automático. Y eso, en un sistema que premia la acción sobre la reflexión, es más revolucionario de lo que parece. En una clave un poco más local, deberíamos revisar urgentemente la estructura de objetivos e incentivos basado en prescripciones farmacológicas (o su omisión).
Las incretinas adelgazan…
Eso ya lo sabíamos. Lo que confirma un análisis de cohorte publicado en Annals of Internal Medicine (Batsis JA et al.; DOI: 10.7326/ANNALS-25-00478) es que aproximadamente el 35% del peso perdido con semaglutida y tirzepatida es masa muscular, no grasa. No tejido adiposo visceral ni agua, sino músculo esquelético funcional. Suetta C et al. acompañan con un editorial (DOI: 10.7326/ANNALS-26-01172) que pone el dedo en la llaga: en mayores de 65 años con sarcopenia basal, esa pérdida muscular puede ser clínicamente devastadora — caídas, fragilidad, dependencia funcional. Nadie dice que las incretinas no sirvan, pero prescribirlas sin medir composición corporal, sin pautar ejercicio de fuerza y sin monitorizar la masa magra empieza a ser difícil de justificar.
En algo tan complejo como la epidemia de sobrepeso y obesidad en nuesta sociedad, ya deberíamos estar vacunados frente a los cheques en blanco.
Menos es más
Un ensayo en JAMA (Savage TJ et al.; DOI: 10.1001/jama.2025.26902) demuestra que amoxicilina sola es no inferior a amoxicilina-clavulánico en sinusitis bacteriana aguda, con menos diarrea, menos efectos adversos gastrointestinales y, sobre todo, menos riesgo de complicación por Clostridioides difficile. Es el tipo de evidencia que debería cambiar una receta hoy lunes — y que probablemente no lo hará hasta dentro de cinco años.
Mientras tanto, Fournier AJ et al. publican en JAMA Internal Medicine (DOI: 10.1001/jamainternmed.2026.0584) algo que a muchos nos parece obvio pero que ahora tiene datos: cuando al paciente se le explica por qué puede dejar el IBP — con información clara, no con paternalismo — la tasa de deprescripción se duplica respecto al grupo control. Si queremos que la gente siga nuestras prescripciones de IBP cuando estas están justificadas, debemos proceder una deprescripción racional y lógica, así como bien explicada.
El paciente informado no es un problema; es la solución. Y por si faltaba una pieza, Yuen F et al. en PLOS Medicine (DOI: 10.1371/journal.pmed.1005035) cuantifican el riesgo de intoxicación grave cuando se combinan gabapentinoides con opioides o benzodiacepinas: un riesgo que muchos asumimos como teórico y que estos datos convierten en estadístico y prevenible.
Junto con la pandemia de obesidad y sobrepeso, nos viene encima la pandemia del dolor crónico, cuyo tratamiento farmacológico es tan diverso como escasamente eficaz a largo plazo. Tenemos que acostumbrarnos a utilizar herramientas de revisión de interaccioners farmacológicas en pacientes polimedicados, y educar a nuestros pacientes a defenderse de nuestras prisas e inercias.
Murray JA et al. completan el cuadro desde NEJM (DOI: 10.1056/NEJMcp2415548) con una actualización de enfermedad celíaca que reduce la necesidad de biopsia y simplifica el diagnóstico — menos invasión, más precisión.
Decepciones caras
La revisión Cochrane sobre fármacos anti-amiloide para el Alzheimer, resumida por Wise J en BMJ (DOI: 10.1136/bmj.s719): lecanemab y aducanumab reducen amiloide cerebral, sí, pero sin beneficio clínico detectable. Cuidado, que podemos estar en la antesala de otra controversia, como fue la hipótesis corazón-dieta. No lo he revisado en detalle aún, pero siguiendo la lógica de la revisión de Wise, existe al menos una evidencia de que aumentando la concentración de creatina en el cerebro, aumenta su uso por parte de las neuronas y se puede demostrar un beneficio cognitivo, aunque sea limitado.
Conclusión
La semana deja un mensaje claro: la mejor intervención farmacológica a veces es la que no se hace, y la segunda mejor es la que se hace con menos. En un momento donde cada molécula nueva se presenta como revolucionaria antes de demostrar beneficio clínico neto, los datos nos piden algo más difícil que recetar — nos piden pensar antes de hacerlo. Y nos piden escuchar al paciente: porque cuando le damos información real, resulta que toma buenas decisiones.
Si quieres el análisis CASPe completo del ensayo de incretinas y composición corporal — con las 12 preguntas que el abstract no responde y lo que los conflictos de interés no cuentan — está disponible esta semana para suscriptores de pago.
