Sobrepeso y obesidad: jeraquías nutricionales
El orden de los factores altera el producto.
En la entrada del día 6 de abril, comentábamos una revisión sistemática y metanásisis de Garegnali et at publicada en Cochrane acerca de restricción calórica vs. ayuno intermitente. para la pérdida de peso (y su mantenimiento) en personas con obesidad y sobrepeso. La lectura directa del mismo nos debe llevar a concluir que la restricción calórica es superior para este propósito.
¿Fin de la historia?
Si tenemos una mentalidad confirmatoria en nuestra aproximación a la ciencia, deberíamos decir que sí. Por mi parte, como ya comenté en otra ocasión y otro lugar, parece más apropiado tener una mentalidad refutatoria en ciencia. No quiere decir que digamos no a todo, sino más bien, estar dispuesto a que vengan nuevos datos a contradecirnos. Por otra parte, este artículo nos dice una cosa bien clara y sólo una: para bajar y mantener pérdida de peso, la restricción calórica es superior al ayuno intermitente.
Matices
Como dicen por ahí, el diablo está en los detalles. Estamos haciendo comparaciones que son relevantes como preguntas de investigación, pero rara vez lo son en la clínica. El orden de los factores altera el producto. La mayoría de las personas aumenta de forma involuntaria su porcentaje y masa grasa absolutos porque su balance energético es positivo y además existe un insuficiente estímulo para la síntesis muscular. Por lo general, hacen falta las dos cosas. Si hay un estímulo para la ganancia muscular, pero no existe un superávit calórico, es difícil concebir un aumento de masa grasa. Más bien, puede llegar ese período de “no ganancia” de músculo, tan temido en los gimnasios.
Ahora bien, si hay un estímulo para ganancia muscular y además hay un superávit calórico, aunque pueda aumentar la masa grasa, lo más normal es que aumente en mayor proporción la masa muscular. Es la base de los ciclos de ganancia/hipertrofia.
Se entiende ahora la conclusión: si lo que hay es un superávit calórico pero no un estímulo a la ganancia de músculo, lo que aumentará es el compartimento graso del organismo. Sigamos este camino.
Un individuo en esta última situación sacará un beneficio muy pobre de restringir su ventana alimentaria, ya que no hay un estímulo para ganar músculo (que sería a lo que se dedicaría el cuerpo en los períodos postprandiales prolongados tras el ejercicio y la ingesta). En cambio, habría todo el estímulo del mundo para preservar las reservas. No se detecta una necesidad de movimiento, la comida aparenta escasear, ¿qué genes se activan? Los del ahorro o, como mínimo, mantenimiento del statu quo.
Implicación
Si usted tiene delante a una persona con sobrepeso, en la cual ha determinado que existe un claro superávit calórico, ¿por dónde empieza? ¿Le decimos que coma más o menos las mismas calorías pero que se salte “X” comidas o le dirigiremos a identficar dónde tiende a pasarse? Es evidente. Ayudaremos a reducir ese exceso calórico (idealmente, quitando un poco del input calórico y estimulando el movimiento, sea reglado, en forma de NEET, o lo que sea). El esfuerzo dirigido al déficit calórico en lugar que de al ayuno/restricción es superior cuando no se está haciendo todavía ninguna de las dos cosas.
Conclusión
Por más que nos gusten los ayunos y las distintas modalidades de TRF, si el objetivo es ayudar a perder masa grasa, la primera acción debe ser el consejo nutricional más tradicional, orientado a la reducción del superávit calórico.
